Mostrando entradas con la etiqueta Creencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Creencias. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de noviembre de 2012

¿Que impide nuestra felicidad?

 

¿Qué puede hacerse para alcanzar la felicidad? No hay nada que tú ni cualquier otro podáis hacer. ¿Por qué?  Por la sencilla razón de que ahora mismo ya eres feliz, ¿y cómo vas a adquirir lo que ya tienes? Pero, si es así, ¿por qué no experimentas esa felicidad que ya posees? 

Pues, simplemente porque tu mente no deja de producir infelicidad. 
Arroja esa infelicidad de tu mente, y al instante aflorará al exterior la felicidad que siempre te ha pertenecido. ¿Y cómo se arroja fuera la infelicidad? 
Descubre qué es lo que la origina y examina la causa abiertamente y sin temor: la infelicidad desaparecerá automáticamente. 
Ahora bien, si te fijas como es debido, verás que hay una sola cosa que origina la infelicidad: el apego. ¿Y qué es un apego? Es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona no es posible ser feliz.  Tal estado emocional se compone de dos elementos; uno positivo y otro negativo. 
El elemento positivo es el fogonazo del placer y la emoción, el estremecimiento que experimentas cuando logras aquello a lo que estás apegado. 
El elemento negativo es la sensación de amenaza y de tensión que siempre acompaña al apego. Imagínate a alguien encerrado en un campo de concentración y que no deja de engullir comida: con una mano se lleva la comida a la boca, mientras que con la otra protege la comida restante de la codicia de sus compañeros de encierro, que tratarán de arrebatársela en cuanto baje la guardia. 
He ahí la imagen perfecta de la persona apegada. 
Por su propia naturaleza, el apego te hace vulnerable al desorden emocional y amenaza constantemente con hacer añicos tu paz. ¿Cómo puedes esperar, entonces, que una persona apegada acceda a ese océano de felicidad que llamamos el "Reino de Dios"?

¡Es como esperar que un camello pase por el ojo de una aguja! 

Ahora bien, lo verdaderamente trágico del apego es que, si no se consigue su objeto, origina infelicidad; y, si se consigue, no origina propiamente la felicidad, sino que simplemente produce un instante de placer, seguido de la preocupación y el temor de perder dicho objeto. Dirás: "Entonces, ¿no puedo tener ni un solo apego?".

Por supuesto que sí. Puedes tener todos los apegos que quieras. Pero por cada uno de ellos tendrás que pagar un precio en forma de pérdida de felicidad. 

Fíjate bien: los apegos son de tal naturaleza que, aun cuando lograras satisfacer muchos de ellos a lo largo de un día, con que sólo hubiera uno que no pudieras satisfacer, bastaría para obsesionarte y hacerte infeliz. No hay manera de ganar la batalla de los apegos. Pretender un apego sin infelicidad es algo así como buscar agua que no sea húmeda.
Jamás ha habido nadie que haya dado con la fórmula para conservar los objetos de los propios apegos sin lucha, sin preocupación, sin temor y sin caer, tarde o temprano, derrotado. 
En realidad, sin embargo, sí hay una forma de ganar la batalla de los apegos: renunciar a ellos. Contrariamente a lo que suele creerse, renunciar a los apegos es fácil. Todo lo que hay que hacer es ver, pero ver realmente, las siguientes verdades.

Primera verdad:
Estás aferrado a una falsa creencia, a saber, la de que sin una cosa o persona determinada no puedes ser feliz. Examina tus apegos uno a uno y comprobarás la falsedad de semejante creencia. Tal vez tu corazón se resista a ello; pero, en el momento en que consigas verlo, el resultado emocional se producirá de inmediato, y en ese mismo instante el apego perderá su fuerza.
    Segunda verdad: 

Si te limitas a disfrutar las cosas, negándote a quedar apegado a ellas, es decir negándote a creer que no podrás ser feliz sin ellas, te ahorrarás toda la lucha y toda la tensión emocional que supone el protegerlas y conservarlas. ¿No conoces lo que es poder conservar todos los objetos de tus distintos apegos, sin renunciar a uno sólo de ellos, y poder disfrutarlos más aún a base de no apegarte ni aferrarte a ellos, porque te encuentras pacífico y relajado y no sientes la menor amenaza en relación a

su disfrute?
    Tercera y última verdad: 

Si aprendes a disfrutar el aroma de un millar de flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla. Si tienes mil platos favoritos, la pérdida de uno de ellos te pasará inadvertida, y tu felicidad no sufrirá menoscabo. Pero son precisamente tus apegos los que te impiden desarrollar un más amplio y más variado gusto por las cosas y las personas. 


A la luz de estas tres verdades, no hay apego que sobreviva. Pero la luz, para que tenga efecto, debe brillar ininterrumpidamente. Los apegos sólo pueden medrar en la oscuridad del engaño y la ilusión. Si el rico no puede acceder al reino del gozo y de la alegría, no es porque quiera ser malo, sino porque decide ser ciego.
                                                                                                                          - Anthony de Mello -

jueves, 15 de noviembre de 2012

EL PODER DE NUESTRAS CREENCIAS.


Las creencias son pensamientos que reconocemos como realidades. Aquello en lo que decidimos creer puede mejorar o desmejorar nuestro mundo. Creamos aquello en lo que creemos.
Cada día puede ser  una experiencia emocionante y llena de esperanza, o ser de tristeza, limitación y dolor. Cada persona, puede percibir la vida de manera muy diferente, aunque las circunstancias sean iguales a la de otra persona. Todo ello, se da de acuerdo a su percepción sobre la vida.  
Nuestro subconsciente acepta todo aquello que decidimos creer.  Se limita a aceptarnos por nuestro propio valor. Si tienes una creencia que te limita, esa creencia llegará a ser tu verdad. Si crees que eres demasiado bajo, demasiado alto, demasiado listo (o no lo suficiente), demasiado rico o demasiado pobre, o que eres incapaz de relacionarte con la gente, esas creencias llegarán a ser tu verdad.
Nuestras elecciones respecto a lo que pensamos son ilimitadas, y su poder también. ¿Qué estás pensando en este momento? ¿Es positivo o negativo?  De allí, dependerá tu futuro.
De niños, aprendimos de las reacciones de los adultos que nos rodeaban a conocer quiénes éramos, por eso muchas veces tenemos una idea de nosotros mismos que no nos pertenece, como muchas de las reglas que nos dictan cómo hemos de vivir.
Cuando crecemos, tenemos la tendencia a recrear el ambiente emocional de nuestro hogar de la infancia. Tendemos a reproducir, en nuestras relaciones personales, las que tuvimos con nuestros padres. Si hemos vivido con personas desdichadas o coléricas, cargadas de culpas, sin autoestima, muy críticas, habrás aprendido muchísimas cosas negativas sobre ti mismo y sobre el mundo que te rodea.
Si de niños nos criticaban mucho, aprendimos a juzgar y a criticar, e inconscientemente nos rodearemos de personas que se comporten de igual modo. Si de niños nos elogiaron, amaron y estimularon, intentaremos reproducir ese mismo comportamiento.
No debemos culpar a nuestros padres, todos somos víctimas de víctimas. Ellos no podían enseñarnos algo que no sabían, se arreglaron lo mejor que pudieron con la información que tenían.
Todo aquello con que nos enfrentamos, sea cual fuere el problema, nuestras experiencias son los efectos externos de  “los pensamientos”.
Si cambiamos el pensamiento, el sentimiento desaparecerá. Cuando  nos amamos y  aceptamos  tal como somos, todo fluye y es la clave de los cambios positivos que podemos lograr en todas las áreas de nuestra vida, y en esa misma medida, amaremos y aceptaremos a los demás.
 Amarse a uno mismo, significa no juzgarse, ni juzgar; es reflexionar sobre nuestros actos y aceptar la  responsabilidad para hacer los cambios necesarios. La crítica nos aprisiona, en lo que estamos procurando cambiar. Aprendemos a Amar, amando...!
Reconoce tu potencial  y observa la transformación de tu vida ..!!

jueves, 25 de octubre de 2012

La Heridología.


Sabías que significa la “heridología” ?…pues yo no sabía…y encontré este articulo que me pareció muy bueno en cuanto al tema de salud y crecimiento personal… sobre todo cuando tenemos la tendencia de ayudar a los demás y asumimos que las personas que la vemos en problemas quiere sanar esa situación.
La autora y terapeuta energética Caroline Myss plantea que no todas las personas quieren sanar realmente y que por el contrario, se escudan detrás del dolor que han sufrido para obtener algún beneficio.
-Aquéllos que han atravesado experiencias traumáticas de alguna índole, en muchas ocasiones desean ser tratados de forma especial debido a sus heridas, por lo cual se aferran a ellas en vez de sanar.
-A este fenómeno la especialista lo denomina “heridalogía”, o sea, tendencia a aferrarnos al dolor para que los demás nos consideren. Según esta autora, las personas confunden el valor terapéutico de expresar sus traumas y necesidades con el derecho de manipular a los demás con su dolor, y en vez de hablar de sus heridas como una primera etapa de su proceso de curación, se identifican con ellas. Se autodefinen a través de sus heridas.

Que hace que nos aferremos al sufrimiento
Si me identifico con mis heridas, si me defino como “una víctima de”…, al sanar perdería mi identidad.
-El culto a las heridas es un mecanismo inconsciente, que consiste en utilizar los traumas como si fueran medallas al mérito.
-Es algo similar a lo que plantea Freud cuando habla del beneficio secundario de la enfermedad. Por ejemplo, por lo general, los niños cuando enferman, reciben un tratamiento especial de sus padres, mayor atención, más cariño, incluso no tienen que ir a la escuela…etc. El beneficio secundario es la “ganancia” que obtenemos de la enfermedad, se dan casos donde los padres están tan ocupados que no les prestan la suficiente atención a los niños, pero al verlos enfermos, se esmeran en atenderlos.
-Este fenómeno trasladado a la vida adulta y a las enfermedades del alma, provoca que las personas se resistan inconscientemente a sanar sus heridas, porque esto significaría renunciar a tener un trato preferencial y una justificación permanente para sus dificultades y defectos.
- La realidad indica que, por más que nos cueste admitirlo, nos aferramos al sufrimiento muchas veces porque es lo conocido, pero también porque de esta manera logramos despertar la compasión, la comprensión de los demás y obtener afecto o un trato especial que de otra manera no obtendríamos.
-Muchos se refugian en el dolor como una excusa para no progresar en la vida, un pretexto para no hacer el esfuerzo de salir adelante y lograr bienestar.

Qué hacer con la adicción al sufrimiento
 El primer paso para revertir este circuito es tomar conciencia de la trampa autodestructiva que nos tendemos a nosotros mismos y que nos impide sanar.
.  Cada persona que ha sufrido traumas o pérdidas y que desee sinceramente sanar sus heridas emocionales debe plantearse hasta qué punto está dispuesta a soltarlas y seguir adelante, luego de atravesar el período de duelo necesario.
.  El proceso de curación de las enfermedades, tanto físicas como psíquicas, requiere coraje, y nos exige realizar cambios profundos, y el cambio, necesariamente produce temor.
.  Para sanar tenemos que estar dispuesto a dejar lo conocido que nos genera dolor, liberarnos del resentimiento y aventurarnos en un viaje de autotransformación, comprendiendo finalmente que todo lo que hemos tenido que atravesar obedece a un solo propósito: la evolución del alma.
Este artículo viene en la revista Salud Alternativa # 66 de Vivian Edelmuth